Sunday, August 17, 2008

Reposaba.
Agotada.
Confusa.
Incapaz de entenderles,
de comprender sus motivos.
Tenía un esquince esencial
que impedía
razonar
sin que
doliera.
Estancada.
Uno prometió melodías lunares.
Otro, luminación estelar.
Aquel otro, un día sin nubes
que permitiera leer
los versos
del firmamento.
Y llegaste tú.
Pusiste patines a mi lucidez.
Y me deslicé sonriendo
con el sol en la cara...
Y se cruzó una nube.
Descargó,
inundando mis ojos,
y resbalé
en el charco
que dejó atrás.
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