Tuesday, July 12, 2005

12/7

En 12 meses la Bumble ha revoloteado alrededor de fugaces felicidades.

Ha posado sus alas recién estrenadas en flores inodoras y frágiles, pero también ha inhalado aromas dulces en tallos más firmes.

Ha volado cargando su larva maligna, pero también ha amenazado silencios nocturnos con el incesante son de su zumbido.

En 12 meses la Cat ha ronroneado alrededor de fugaces felicidades.

Ha estirado sus miembros al infinito. Ha olfateado la vía láctea de la amistad, mojando sus bigotes y relamiendo con gusto ese rico manjar de la afinidad.

Pero ha abandonado en tejados sangrientos 7 vidas empapadas en maullidos.

Afortunadamente todavía le quedan dos.

Y las quiere compartir con aquellos que siguen ahí...a pesar de los zozobrantes zumbidos y de los malsanos maullidos.

A los que sigan ahí...

Y a los que todavía quedan por incorporarse a su vía láctea.

Thursday, July 07, 2005

Todas mis angustias vitales de las últimas semanas se han visto eclipsadas de golpe por lo que está ocurriendo en mi ciudad.

Porque aunque hayan pasado 14 años desde que dejé de vivir allí, Londres sigue siendo mi ciudad.

Allí nací y viví hasta los 24 años. Todavía puedo decir que he pasado la mayor parte de mi vida en esa ciudad que hoy está abierta en canal por el fanatismo, por la mezquindad, por la ignorancia de seres desalmados que detestan la vida.

Londres vive hoy una pena anunciada un 11-S y un 11-M. Esas estaciones de metro reventadas las he recorrido mil veces, siempre con la paranoia que nos inculcaron en los tiempos más prolíficos de IRA, siempre mirando de reojo, sospechando, desconfiando.

Cuando volví a Londres en diciembre por primera vez desde que emigré a esta esquina de Europa, noté la incrementada presencia policial, noté esa tensión latente de quien vive sabiéndose en el punto de mira de la locura. Sentí que mi ciudad vivía encorsetada.

Hoy, está rota.

Este tipo de suceso no puede dejar a nadie indiferente, porque lacera nuestra esencia.

Es un acto más de miseria humana, como muchos, que no llegan a ocupar primeras páginas de prensa ni mañanas enteras de televisión.

Siento vergüenza de ser humana.

Y hoy también siento una gran pena, un inmenso dolor, por esa gente que pisa las calles donde yo empecé a existir.
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