Monday, February 28, 2005

...no, tranquilo... hay sitio de sobra...si es que apenas se ve...

...no, ya llevo tiempo aquí abajo...y la verdad...agradezco la compañía...bueno, ya me entiendes...no es que me alegre por ti, sino por mí...siempre es más llevadero compartir esta oscuridad fría y densa con alguien...aunque sólo seas una sombra...

...bueno, pues porque un día me cansé de copiar el texto, y de vivir de memoria...¿entiendes?...decidí retar a la suerte...improvisando palabras...y me la jugué...y ahora resulta que nunca sé lo que escribiré de un día a otro...sí, bueno, se podría decir que me siento en manos del azar, de la musa...el caso es que no me veo autora de lo que redacto...y qué fácil resulta quedarse aquí abajo, acurrucada, esperando a que llegue la claridad...pero...¿sabes una cosa?...hay días en los que miro hacia arriba, y veo bailar unos rayitos de sol...y se acercan a mí...no te rías...mira...mira...ahí están...y distingo tu sombra gracias a ellos...creo...creo que tal vez...hasta vea mejor ahora...mejor que cuando vivía a ciegas en la claridad...

Wednesday, February 23, 2005

"Si a todo el mundo le resultara tan fácil como a mí ignorar sus sentimientos, todos seríamos mucho más felices".

Me lo decía un amigo el otro día.

Tampoco creo que se trate de eso.

Dudo que la clave para sentir esa escurridiza paz esté en ignorar tu propia esencia.

Sin embargo, reconozco que mientras estoy sumergida en el rutinario sobrevivir cotidiano mis emociones pasan a un segundo plano.

No puedo afirmar que mi trabajo sea ideal, debido a sus precarias condiciones, pero sí siento vocación por la enseñanza, y lo transmito a mis alumnos. Me realiza desempeñar el papel de instructora. Y aunque no sea exactamente lo que me gustaría impartir, saber que mi cerebro proporciona conocimientos a alguien me produce satisfacción.

En el trabajo soy una persona segura, consciente de que nadie cuestiona mis habilidades. Ni yo misma. Tengo la certeza de que soy buena profesora. Diría incluso que es lo único que sé hacer bien.

Necesito mi trabajo a nivel emocional. Es terapéutico.

Enseño inglés a gente de todas las edades, y me desplazo también a empresas. No puedo decir que sea ni aburrido ni monótono.

A veces, como si levitara mi Yo interior, me "veo" dando clase y me sorprende esa María dinámica, segura y divertida.

He llegado a pensar que la auténtica Yo es la que se queja.

Esa que llora por internet lo que no lloraría ante sus amigos por no incordiarles.

Esa que se enclaustra para no ser una carga emocional para nadie.

He llegado a pensar que la auténtica Yo es un ser vulnerable, pesimista y derrotista que se hunde con facilidad ante la adversidad; que vive con demasiada intensidad sus emociones, dejándose dominar por ellas y por opiniones ajenas.

He llegado a pensar que esa Yo dinámica es un personaje inventado para autoengañarme, una especie de máscara que visto para ocultar mi verdadero Yo, un maquillaje para tapar mis defectos naturales.

Pero no, joder.

Esa María brillante también soy YO.

Y ahora que me siento más vulnerable y más débil que nunca, supongo que debo tirar de esa Yo para que la María patética y autoindulgente no nos eclipse a todas.

Saturday, February 19, 2005

La acuesto en mi cama.
Apago la luz.
Le doy a play.
Damien Rice Live tracks.
Acaricio su espalda.
Canturreando,le beso la mejilla, la nariz...
Saco su chupete y beso su boquita.
Coloca su chupete de nuevo.
Huelo su piel, su pelo...
Lamo la punta de su nariz.
Sigo cantando bajito, bajito...haciéndole "tíquilis" en la espalda...
Oigo sus chupeteos...

***

Rodea mi cuello con su brazo.
Nudo...
Derrame.

me siento delante del teclado porque me pican los dedos

una de dos

o sumerjo mis yemas en tu piel balsámica

o tecleo

siento reticencia a exponer en este mostrador las rebanadas de mi alma.

y sin embargo

es

lo

que

necesito

escribir

mis manos se congelan sin el calor de tu piel

mis labios se agrietan sin la humedad de tu lengua

mi piel tiene llagas

hace frío aquí

necesito tus manos curanderas

Wednesday, February 16, 2005

A veces me veo muy cría.

Tampoco lo considero algo negativo.

Hay quien me dice, con la lengua muy peluda, que parezco bastante más joven "sobre todo por mi forma de ser".

Hay quien me dice que mis hijas han heredado mi carácter. Claro que "carácter" suele tener las connotaciones que suele tener. Sobre todo si eres mujer.

Pues yo observo a mis hijas, y sí veo mucho parecido en nuestras actitudes, en nuestros comportamientos, en nuestro acercamiento a la gente.

Pido lo que quiero, y quiero lo que quiero YA.

Busco que me escuchen.

Me enfado y suelto chispas cuando me llevan la contraria sin sentido, cuando me acusan de haber hecho algo que no he hecho, cuando veo a un grande abusando de su tamaño para intimidar a un pequeño...

Digo lo que siento, o no digo nada.

Intento hacer lo que quiero a pesar de lo que otros me digan.

Me acerco a cualquiera en el parque y me pongo a hablar sin ningún tipo de vergüenza..."hey, amigo, ¿me invitas a un cigarro?"

Soy capaz de pasar del llanto a la risa con facilidad si me la saben sacar. Y vice versa.

Como mal, y me encantan el chocolate, la coca-cola, y las patatas fritas.

Disfruto jugando, desobedeciendo, gritando en el medio de un prado vacío o subida a un monte, mojándome en la lluvia, fijándome en la naturaleza, poniéndole nombres a las cosas, hablando sola, disfrazándome, haciendo el ganso con mis amigos hasta echar una buena panzada de risa...

Me parezco a mis hijas.

Soy una cría.

Y diría que eso me mantiene cuerda, en un mundo de hipócritas y estirados adultos.

Sunday, February 13, 2005

4 semanas.
1 vuelo.
5 minutos.
1 beso...
24 horas...
1 burbuja...

pof...


8 semanas.
1 vuelo.
5 minutos.
1 abrazo...
1 beso...
48 horas...
1 burbuja...


pof...

Tuesday, February 08, 2005

Tengo la maldita costumbre adolescente de asociar canciones a personas, a vivencias...

Soy melómana y una de mis dos vocaciones frustradas es la de ser músico.

No necesitaría dedicarme a ello profesionalmente para sentirme realizada, pero sí me serviría de válvula de escape para mis intensas emociones.

En primaria tocaba el piano.La imposibilidad de tener piano en casa por falta de espacio hizo que abandonara.

En secundaria agarré un buen día la guitarra de una amiga y le dije "enséñame unos acordes".

Y con esos acordes vi que podía tocar un sinfín de canciones.

Pero siempre he sido impaciente, y no me llegaba lo poco que sabía, y en vez de dedicarle más tiempo, abandoné.

Me volqué en la escritura porque sabía que no tenía límites para mí.

De todos modos, me he pasado la vida poniéndole banda sonora a todo, a todos; componiendo temas en mi cabeza sin saber darles forma más tangible que la de cantarlos y grabarlos en una cinta hasta encontrar la versión que más me convence.

No escucho música.

Me penetra.

Se cuela por mis poros, adentrándose en mi esencia, confundiéndose en ella hasta que ya forma parte de mí.

Algunas canciones me paralizan.

Esté donde esté, haciendo lo que sea, me inmovilizan el cuerpo y me transportan a ese sitio... a ese momento... a ti...

Quisiera poder dar a luz la canción que gesto.

Le pondría tu nombre.

Friday, February 04, 2005

Me preguntan muchas veces por qué decidí venir a España definitivamente.

Emigré al revés.

Evidentemente no son situaciones comparables, pero no deja de tener su gracia que yo me buscase la vida en el lugar que mis padres habían dejado atrás años antes.

Principalmente emigré por amor.

Y no sólo por amor a la tierra, aunque reconozco la influencia ejercida por mis padres en cuestión de morriña. Todos los años en verano nos desplazábamos desde Londres a La Coruña a pasar unas semanas. Desde niña, "España" estaba asociada en mi mente a la diversión, a la familia y al bien vivir.

En mi adolescencia, España cobró otro matiz: el de la marcha, la juerga y la libertad. Aquí podía salir hasta mucho más tarde, y se ligaba con frecuencia porque los chicos españoles eran bastante más abiertos,(y por lo general, bastante más guapos también, todo sea dicho). Además, al ser extranjera, siempre llamaba más la atención y no me solían faltar pretendientes en las fiestas de los pueblos.

Y en una de esas fiestas se me cruzó el que sería el hombre más importante de mi vida, excluyendo a mi padre.

Un flechazo de verano se convirtió con el tiempo en el gran amor de mi vida.

Curiosamente, durante seis años, nuestra relación fue más epistolar que tangible, ya que sólo nos veíamos en verano durante dos o tres meses.

En esas cartas está nuestra historia de amor, desde el primer "te quiero" hasta el último "no me puedo creer que en una semana estaremos juntos".

En esas cartas se palpa la desesperación de lidiar con la distancia, se siente la intensidad de unos sentimientos elevados a la máxima potencia precisamente por esa imposibilidad de manifestarlos sin restricciones y sin medida, y se percibe la certeza de que nada podría reemplazar aquello tan grande que había crecido entre nosotros.

Y sin embargo no fue eterno.

Como no lo es nada.

Duró lo que tenía que durar.

Y llegó el día en que Él se cuestionó la veracidad de todo aquello y sintió la necesidad de deshacerse de nuestra historia plasmada en papel y condenarla a una hoguera del olvido.

Y se lo prohibí tajantemente.

Porque en el momento en que nos convertimos en padres, esa historia dejó de ser nuestra y pasó a ser patrimonio de nuestras hijas.

Thursday, February 03, 2005

Un alumno me preguntó esta mañana en qué idioma hablo con mis compañeros de trabajo. Somos todos angloparlantes nativos: seis londinenses de padres gallegos, una escocesa, dos "ingleses ingleses",(como decimos nosotros), un irlandés, dos americanas hijas de gallegos, y un canadiense. Mi alumno se extrañó, no sé por qué, de que hablemos entre nosotros en inglés. A mí me parece lo más natural teniendo en cuenta que todos nos criamos en países donde se hablaba la lengua de Shakespeare, y nos formamos en ella.

En Inglaterra, existía, y existe todavía, una gran comunidad de españoles, mayoritariamente de ascendencia gallega o andaluza. Existen centros gallegos, andaluces, casas de España, colegios españoles, colegios bilingües, etc. Durante el día, los hijos de emigrantes españoles acudíamos a colegios ingleses y nos relacionábamos en inglés, con gente de todas las razas y nacionalidades.. En Primaria, a pesar de ser un colegio supuestamente anglicano, por su ubicación en Soho, en los años setenta el alumnado era prácticamente en su totalidad de ascendencia extranjera. Ni la directora era anglicana. En secundaria, al ser un colegio católico que sólo admitía alumnas católicas, había principalmente españolas, italianas e irlandesas,(la mayoría). Nuestra lengua franca en todos los colegios siempre fue el inglés. Incluso en el colegio español al que íbamos por las tardes.

En Londres había unos cuantos centros españoles que impartían clases de lengua y cultura española, bajo el sistema de EGB y BUP como en España, convalidando estudios y dándonos la oportunidad de poseer esos títulos. Las clases eran por las tardes, normalmente de dos horas de duración, tres días a la semana.

Sólo hablábamos en español en clase y con los profesores. De hecho, para nosotros, el español era el idioma de nuestros padres, y por lo tanto lo asociábamos a "los mayores" y nos limitábamos a utilizarlo con ellos.

De ahí que la mayoría de los hijos de emigrantes no dominasen muy bien la lengua de Cervantes, y especialmente los hijos de gallegos, acostumbrados a oír en sus casas una mezcla de gallego y castellano, que en Galicia llamamos "castrapo", es decir una mala mezcla de ambos que no permitía a los hijos hablar el castellano sin meter la pata hasta el fondo con galleguismos.

Mi padre, un señor que domina a la perfección el castrapo, se preocupó siempre mucho por mis estudios, y cuando yo tenía unos 7 años, habló con su amigo Francsico, mi mentor, para que me buscara "una profesora de español que supiera de cuentas"(me quiso inculcar su obsesión por las matemáticas, y le salí de letras).. Así es que un par de tardes a la semana, mis vecinos Teo y Emilia, venían a mi casa y nos daba clase Merche, una chica "española española" que estaba de au pair en Londres, y que le tenía fobia a mi gato Moncho que le bufaba cuando llegaba.

Detrás de Merche vinieron otras. La última, Victoria, me apuntó en el colegio español con 9 años en 4º de EGB. Superé los exámenes de 4º y 5º a la vez y el siguiente curso empecé en 6º, lo cual fue una auténtica perrada para mí porque mis amigos quedaron atrás.

Gracias a estas profesoras y a Francisco, siempre destaqué en español. Nunca se me notó un acento inglés al hablar, nunca tuve problemas de ortografía ni de tildes. De hecho, aún hoy, hay gente que se asombra de que hable español sin ningún rastro del inglés. No es mérito mío, claro, sino de los buenos profesores que he tenido.

El problema de ser bilingüe, el único, todo sea dicho, es que cuando hablas con gente que domina los dos idiomas tiendes a mezclar, a recurrir a la palabra que te resulte más cómoda. No me refiero a hablar "Spanglish" sino a mezclar palabras en una misma frase, por pereza, porque un idioma te parece que expresa mejor cierta cosa.El resultado de esto puede ser el deterioro de ambas lenguas.

Mi remedio o solución siempre ha sido leer mucho, mucho,mucho en los dos idiomas.Y ahora, desde que empecé a ser una blogger, también escribo en español, de una manera que anteriormente no hacía.

De todos modos todavía pienso mayoritariamente en inglés, todavía me siento más amgloparlante, y todavía me falla el español de vez en cuando y necesito explicar lo que quiero decir por falta de vocabulario.

Y reconozco que me encanta hablar con gente que domina ambas lenguas, porque siento que me pueden entender mejor.


Tuesday, February 01, 2005

Todos los años, cuando se acerca el año nuevo chino, me acuerdo de Shu Kin, mi compañero de baile en primaria. Su familia y la mía se divertían diciendo que éramos "novios", pero en realidad éramos más que eso.

En aquella época, ser novios significaba, caminar juntos en el patio durante el recreo, cogidos de la mano, darse algún beso casto a escondidas, y mirarse mucho a los ojos. A mí eso me aburría. Me aburría casi tanto como jugar a las mamás. Yo prefería por aquel entonces, participar en juegos dinámicos; con los niños, dando patadas al balón,(o a algún niño chino bravo que osaba chulear sus dotes de Kung Fu para propinarme una patada);con las niñas, a los ángeles de Charlie(siendo yo por supuesto "Kelly" porque era la más guapa).

Era una niña muy inquieta y por eso las clases de baile me venían estupendamente para desfogarme.

Shu Kin era un niño muy lindo con un sentido del humor muy parecido al mío.

Y no bailaba nada mal.

Para ser un chico.

Hasta que la profesora decidió convertirnos en pareja artística, apenas nos habíamos fijado el uno en el otro. Luego, como éramos ambos bastante teatreros y payasos, congeniamos en seguida.

Bailábamos en grupo, por lo que era necesario tener desarrollado el sentido del ritmo y el compás para compenetrarse con los demás. Shu Kin y yo llegamos a sincronizar de tal manera que anticipábamos hasta los errores del otro. Nuestra conexión acabó extendiéndose a otros terrenos, hasta el punto en que unimos su pandilla con la mía para formar una sola, al igual que él y yo formábamos una sola unidad al bailar.

Los días de actuación pasábamos los momentos previos riéndonos de los atuendos elegidos por nuestras madres. Yo hacía burla de su ridícula camisa de satén, de su corbata, de sus zapatos de charol, de su pelo engominado...él me llamaba cursi por mi vestido con mangas de globo, hecho por una modista en España a la que mi madre acudía todos los veranos para encargar media docena de prendas femeninas espantosas. Él me tiraba de los lazos que llevaba en la melena. Yo le tiraba de la corbata.

Al primer compás de la música, perdíamos la noción de lo tangible y nos sumergíamos en un mundo paralelo, particular, nuestro, donde los lazos y las corbatas ni figuraban.

Y girábamos, y girábamos, nuestros jóvenes cuerpos formando tan sólo uno, unidos por la música, unidos por la danza, unidos por nuestras manos...

Después de acabar primaria, su familia se fue de Soho, a vivir a un piso más espacioso.

Perdí su rastro por completo.

Un jueves por la tarde, calculo que aproximadamente siete años después, estaba yo viendo Eastenders, una mítica serie semanal que todavía se emite en la BBC.

Me asombró ver entrar en el café del Turco Al a dos chinos.

Uno de ellos era Shu Kin con su inconfundible sonrisa de niño de 10 años
Weblog Commenting and Trackback by HaloScan.com