Thursday, October 28, 2004

No me admitieron en Maria Fidelis en septiembre porque tenían preferencia las niñas que venían de colegios primarios católicos. Mientras encabezaba la lista de espera, mis padres me matricularon en Sarah Siddons, un colegio de niñas con pésima reputación, que al menos no exigía uniforme; con vestir de azul marino era suficiente.

Mi aspecto de niña bien, con ropa limpia y planchada, con melenita y horquillas de colores, y mi cara de no haber pisado una hormiga en mi vida, contrastaba bastante con mi subversión interna, mi incapacidad para callarme ante una injusticia, y la picardía innata de cualquier hija de Soho.

En realidad no sé como no acabé al menos en el hospital con la cara desfigurada.

Lucy-Anne era una niña bien grande y gorda cuya interpretación del Padrino de Puzo pasó desapercibida por la Academia de Hollywood. Yo, en cambio, tuve el honor de ser la elegida para presenciar su actuación de mafiosa de once años. Ella y sus dos lacayos se sentaban detrás de mí y disfrutaban pegándome golpecitos con sus reglas. Yo me debatía entre tragar mi orgullo y soportar esas "pequeñas molestias", o arriesgarme a que en el recreo me clavaran una navaja y me tiraran a un contenedor.

Puede parecer exagerado para quien no conociera ese colegio, donde los ascensores estaban constantemente fuera de servicio porque las mayores se drogaban en ellos, donde las ambulancias acudían con casi tanta frecuencia como al hospital para llevarse a chicas heridas con armas blancas, donde las chicas más fuertes y brutas competían en la liga de peleas entre colegios de la zona.

Un buen día en clase de francés, maRía llegó al límite. Se levantó, agarró su silla y amenazó a Lucy-Anne y a sus dos perritos falderos con deshacerles las cabezas si volvían a tocarle con las malditas reglas. La pobre Madame profesora casi sufrió un infarto al ver a su alumna modelo arriesgarse a ser acuchillada en el recreo y abandonada en un contenedor. Me mandó al pasillo a reflexionar sobre mi comportamiento.

Si no hubiera tenido que dejar mi mochila en clase, me habría largado a casa para no volver nunca jamás. Sabía que tenía los días contados, y que en cualquier momento, mis pobres padres se quedarían sin su única hija. Me venían a la mente las imágenes de mi madre desconsolada llorando ante el contenedor de basura.

Al término de la clase, la profesora me "aconsejó" que fuera al despacho de la directora a contarle lo sucedido. Nadie en su sano juicio iría a chivarse a la directora, y aunque no veía muchas posibilidades de evitar mi cruel desenlace en el contenedor, sabía que eso "no se hacía".

Aún tenía que volver a entrar en el aula a recoger mis pertenencias, y la versión femenina de Marlon Brando todavía seguía allí sentada, entre las que desempeñaban el trabajo sucio.

Armándome de valor y sin levantar la mirada del reflejo de mi cara de cadáver en mis zapatos de charol, entré con paso firme, me dirigí al pupitre, cogí mis libros, mi mochila y mi chaqueta, sin que ellas me dijeran ni una sola palabra, y me fui corriendo a la parada de bus, pensando que me harían sufrir unos días, para luego acuchillarme por la espalda cuando menos me lo esperase, y tirarme en el contenedor más cercano.

No me atreví a decir nada en casa, y por lo tanto al día siguiente no me quedó más remedio que volver al colegio y sentarme delante de ellas en clase.

Justo antes de empezar la clase de francés, Lucy-Anne me informó con un tono de voz suficientemente alto para que todas oyeran, de que al final de la clase quería hablar conmigo.Eso me desconcertó, y pasé la hora de clase escribiendo una solemne y dramática carta de despedida a mis padres.

Cuando sonó el timbre, y toda la clase salió disparada temiéndose lo peor, Lucy-Anne se me acercó sonriendo con cara de sádica, me puso una mano en el hombro, me dijo que por culpa de mi pinta de estúpida niña de papá, no se había dado cuenta de lo "cool"que era, y que quería mi ayuda con sus deberes de francés.

En los seis meses que permanecí en ese centro, nunca más temblé al pasar por delante de un contenedor.

Tuesday, October 26, 2004

Llegué a Toulouse un viernes con la dirección de un hotel apuntada en un trozo de papel. Me esperaban seis meses en esa ciudad, y lo único que tenía claro era que el lunes tenía que matricularme en la universidad, que mis compañeras de clase, con las que apenas tenía roce, ya estaban allí "en alguna parte de la ciudad", y que debía buscar donde vivir.

La directora del hotel me informó amablemente de que podría quedarme hasta el lunes. No conocía a nadie en la ciudad, y no tenía ni idea de como ponerme en contacto con mis compañeras para que me echaran una mano, y cuanto más hablaba con la gente, menos confianza tenía en mi francés.

Esa misma tarde compré el periódico local y empecé mi búsqueda.

Pasé el sábado y el domingo pateando las calles de la ciudad sin apreciar lo hermosa que era. Tan sólo vi pisos y cuartos viejos y sucios llenos de humedad. Llegaba al hotel con ampollas en los pies y lágrimas en los ojos, deseperada. Ni siquiera cenaba, por no salir del hotel por la noche sola.

El lunes encontré una nota de mis compañeras en recepción con su dirección por si me hacía falta un sitio para dormir.

Me matriculé con una sonrisa en la cara, y me dirigí con mi equipaje y mis ampollas,con el mapa de la ciudad grabado en mi mente, a lo que luego se convirtió en el pisito alegre de "les petites anglaises".

No volví a llorar hasta mi vuelta a Londres.

Monday, October 25, 2004

Nuestra casa georgiana en Soho tenía unos doscientos años, de modo que cuando yo era pequeña no teníamos cuarto de baño y mucho menos línea telefónica.

Eso sí, teníamos una chimenea en el salón,que se encendía en invierno, y otra en mi cuarto, tras la pared a la que estaba arrimada mi cama. A través de esa fina pared, por las noches se oía el eco del metro, o del viento.Si añadimos a ese ruído tétrico el terror que me había inyectado en la vena la casa Hammer, a que algún vampiro estuviera escondido esperando a chupar la sangre de mi cuello, seguramente algún psicólogo podría encontrar ahí el origen de mi insomnio y de que no sea capaz de dormir ni hoy con el cuello destapado.

El cuarto de baño llegó primero, recuerdo, cuando yo estaba en primaria. Fue un gran alivio, sobre todo para mis padres que iban a bañarse todos los días a los baños públicos, como si London todavía fuese Londinium. Yo tenía una bañera de metal antigua, como las grandes damas de los salones del Oeste en las películas de vaqueros. Aunque yo no era rubia, y todo el mundo sabe que las rubias eran las protagonistas buenas y las morenas las malvadas secundarias, yo me imginaba como Mae West durante los minutos que duraba mi baño en el salón frente a la chimenea, y me convencía de que era divertido, incluso cuando se me congelaban hasta los pelos morenos de las cejas en invierno.

Cuando llegó la línea telefónica estaba yo más que harta de tener que explicar a todos que no tenía teléfono. Algunos chicos lo tomaban como una forma delicada de decirles que no me interesaba darles mi número, y no insistían más. Cuando realmente me interesaban, les pedía el suyo, para que entendieran que no mentía. Claro que luego me tenía que armar de valor para bajar a la cabina situada delante de mi puerta y llamarles.

Tenía que armarme de valor, porque siempre cabía la posibilidad de que ya hubieran perdido el interés o de que se hubieran olvidado de mí.

Tenía que armarme de valor, porque a esas edades, y en esos tiempos, estaba mal visto que las chicas llamaran. Eso tan sólo lo haría una desesperada que nunca ligaba o un putón.

Tenía que armarme de valor porque me daba mucho apuro entrar en esa cabina donde las putas hacían sus servicios rápidos, y los vagabundos vaciaban sus vejigas, encontrándome con condones usados o el igualmente asqueroso olor a orina.

Claro que cuando llegó por fin la línea telefónica a mi casa, tuve que aprender a poner cara de póquer al decirle a mi padre, "nadie, es un amigo de Mercedes", para evitar la inquisición española.

Friday, October 22, 2004

Empecé a sospechar que mi abuelo estaba sordo un día que le dije que quería hacer caca.

Me contestó que cogiera el periódico, que saliera al prado y que me situara detrás del hórreo si me daba vergüenza que me vieran desde la carretera.

Ya que mi apuro era de máxima urgencia, no se me pasó por la cabeza preguntarle porqué me daría vergüenza leer un periódico, ni porqué me iba a apetecer leerlo siquiera. Me coloqué delante de él, y vocalizando al máximo le repetí mi necesidad.

Estaba el buen hombre explicándome cual era el lugar idóneo para pasar desapercibida, cuando apareció mi abuela con el papel en el que se había envuelto el pan, diciendo que rascaba menos y que no me dejaría ninguna esquela escrita en el culo.

Entonces, horrorizada ante sus macabras risas, salí corriendo de la cocina, y me dirigí a la casa grande del vecino rico, convencida de que si le hablaba de manera educada y le sonreía mucho, tal vez me dejaría dormir en su casa aquella noche.

Thursday, October 21, 2004

homo sapiens

No recuerdo cuando supe que era homosexual.

Era yo muy pequeña cuando mi padre trajo a casa por primera vez a un compañero de trabajo de Valladolid.

Recuerdo a un chico joven, alto, delgado, apuesto, que llevaba bigote y vaqueros acampanados.

Hablaba muy bien el castellano y corregía mis faltas de niña inglesa hija de gallegos.

Fue él quien descubrió que "la niña" era de libros.

Fue él quien convenció a mis padres para pagarme una profesora particular de español.

Fué él quien me regaló mi primer atlas para situarme en el mundo, con el deseo de que yo lo conociese.

Fue él quien alimentó mis inquietudes, quien despertó mi curiosidad por saber más, quien estimuló mi formación intelectual...

Sí recuerdo todo eso, porque fue mi PADRE espiritual, porque me quería, porque le quería.

A ese hombre le debo gran parte de lo que soy.

Wednesday, October 20, 2004

ay, madre!

Tengo un problema.

No quiero cortarle las alas a mi hija la mayor, ahora que ya es bastante autónoma y disfruta siéndolo.

Sin embargo dejarle ser ella misma supone que yo acabe atacada de los nervios, y que sienta fuertes tentaciones de estrangularla o de regalarla al primer feriante que se me cruce por delante.

Es decir:

Quiero que sea una persona independiente y autosuficiente que "siga el dictado de su espíritu".

Pero cuando sea mayor.

Monday, October 18, 2004

risa apátrida

Para viajar al Exterior, me di cuenta en Primaria de que con Humor disponía de un pasaporte válido para llegar a cualquier parte y a cualquiera.

Humor, Memoria, y Oído que permitía reproducir acentos, me garantizaban acceso directo a Opinión General Favorable.

En más de un recreo u obra teatral fui transportada por Risa y Aplauso a Dimensiones Paralelas Gratificantes.

En la adolescencia busqué la Vía Rápida a aquel Sereno Remanso de Seguridad, sabiendo que ya no existía y,consciente de que necesitaba un Visado de Autoestima para llegar a Destino Indefinido.

Renové el pasaporte y seguí acumulando Etiquetas para mi Maleta de las Sonrisas, que ahora portaba además, las pesadas cargas de Ironía y Sarcasmo.

El coste de ese exceso de peso que ahora se percibía en el agridulce sabor de Risa y Aplauso, lo abonaba en cuanto me refugiaba a solas en mi cuarto.

En mi Tramo Adulto he descubierto la necesidad de Doble Nacionalidad.

Se requiere otro pasaporte para los viajes al Interior.

Son lugares fríos e inhóspitos donde no resuenan ni Risa ni Aplauso.

Thursday, October 14, 2004

a year on the sphere

Hizo ayer un año conocí al "culpable" de que yo ande soltando palabras y emociones a la blogosfera.

Hablando con él por messenger descubrí a otro ser inquieto como yo. Me dio un enlace a una página que resultó ser su blog. Apenas había oído mencionar la palabra un par de veces y no tenía claro si era algún virus informático o algo así.

Me enganché a su prosa poética, y a través de su página descubrí a todavía MÁS seres inquietos como yo. Algo de consuelo sentía al verme reflejada en las palabras de otros no menos raros que yo.

Dentro de diez días habré pasado un año dando tumbos por esta esfera. Un año no es nada, lo sé. ¿Qué es un año en la vida de una persona...? Además ya voy por el segundo blog, y me he "ido" por lo menos tres veces...

¿Qué ha significado este año bloggero para mí?

Ha sido terapéutico, divertido, intenso, incluso agobiante en ocasiones.

Terapeútico porque al darle forma escrita a lo que siento he podido materializarlo de algún modo y verlo con perspectiva. Terapéutico porque he visto lo que yo siento plasmado en palabras ajenas.

Divertido porque he descubierto a gente que me hace sonreir con sus palabras, y confieso que en algún momento hasta me he reído. Increíble, pero cierto.

Intenso porque aquí se desinhibe uno y se puede llegar a sentir de la misma manera que vía otros medios. No le resto valor a un sentimiento, se haya producido como se haya producido. Siento mucho amor por un puñado de personas que han traspasado la barrera de lo virtual y ya son AMIGOS.

Agobiante porque me resta tiempo para otras cosas;porque es adictivo; porque las distancias se agudizan cuando existe entendimiento; porque no puedo introducir la mano en la pantalla y atravesarla para poder acariciarte...

Supongo que todo es cuestión de saber llevarlo de manera que aporte más bien que mal.

Y no veas como ha mejorado mi español.

Balance positivo.

Muy agradecida a él, a ti, a todos cuantos me habéis acompañado a lo largo del año, dándome tanto cariño y compartiendo risas.

De hoxe en un ano!

Somewhere.

Thursday, October 07, 2004

peras al olmo

1. que me escuches si te hablo,

2. que me contestes si te pregunto,

3. que no me mientas,

4. que digas lo que sientes,

5. que te fíes de mí,

6. que no me subestimes,

7. que no desaparezcas sin explicaciones.


¿Aludidos?

En plural,sí.

Wednesday, October 06, 2004

sex in the city

"Siempre ha sido así, maRia",decía ella, entre bocanadas de humo, "los pobres no sabéis disfrutar del sexo".

"¿C-Cómo?", mi taza quedó suspendida en el aire, mientras ella seguía mirando a lo lejos.

"Claro, es que normalmente estáis tan ocupados buscando el pan de cada día, que luego a la noche estáis demasiado cansados. Y si le añades a eso que la mayoría de los pobres sois creyentes y pensáis que follar es un pecado...

"Eh, un momento que no soy..."

El golpe de mi taza en la mesa, le hizo volver a la tierra y mirarme unos segundos como quien mira a un objeto no identificado.

"Ya bueno, tal vez tú no... pero, escucha...", de nuevo fijó la mirada en un punto indefinido del horizonte,"la mayoría de los pobres piensan así, y follan por obligación, bien rapidito,ya sabes, sábado sabadete, o para desahogarse, como quien se da una ducha para quitarse la mugre, y..."

"¿Quéeeeeeee?" Mi café se enfriaba cuanto más se abrían mis ojos.

"Que sí, y con las luces apagadas y en silencio, que lo dice no sé qué eminencia americana en un estudio universitario de esos que..."

"Aaaaaaaah, haber empezado por ahí". Encendí un cigarro y miré por la ventana. Llovía fuerte. Un chico muy guapo esperaba en la parada de bus. "Yo creía que lo habías sacado del Cosmo...Si lo dice una eminencia americana...."

"Sí,sí, está comprobado, y en cambio dice que los ricos gozamos del sexo porque el ocio nos permite ser creativos, que estamos más relajados y liberados en ese aspecto y que follamos a cualquier hora y con cualquiera, y que...¿Por qué me miras así? Es verdad. Lo han COMPROBADO y..."

"No, si no dudo de que los americanos lo hayan COMPROBADO, y tampoco seré yo quien ponga en duda unas teorías tan evidentemente lógicas, más que nada porque no he hecho ningún estudio exhaustivo del tema yo misma...", exhalé el humo en su cara.

"¿Entonces?" Me miraba fijamente.

"Entonces," dije, mientras veía al chico guapo subirse al bus, "estoy pensando que yo debo de ser de clase media".

Friday, October 01, 2004

non omnis moriar

Me dedicó una canción en Radio London porque sentía la necesidad de comunicarle a toda la ciudad que estaba enamorado. Eligió ese medio por su alta audiencia los jueves por la noche, y porque sabía que todos estaríamos escuchando.

Nunca antes me habían nombrado en la radio, y me resultó extrañamente seductor oir hablar de "maRia from Soho" como si no fuera yo.

A la semana siguiente, maRia from Soho llamó al programa para participar en un concurso de rap.

En su vida había rapeado, ni tenía la más mínima idea de como hacerlo, pero sabía que rimar era pan comido y quería impresionarle a él y también, tal vez, superarle.

Fue elegida finalista. Grabaron su contribución, la de dos negros raperos, y la de un niña negra con evidentes tablas en ese menester.

Tras escuchar por las ondas su bochornosa imitación de chica negra, y mientras contemplaba la posibilidad de emigrar para no volver a dejarse ver en público, maRia from Soho quedó pasmada al oír como la audiencia le proclamaba ganadora , ni más ni menos, de un concurso de rap.

La joven e impresionable maRia from Soho cogió gustillo a la fama y al dulce sabor de la victoria, y a raíz de ese insólito y surrealista acontecimiento, se convirtió en ávida oyente y participante semanal del Funk Fantasy, manifestándose a través de cartas al D.J., concursos de poesía, y dedicatorias graciosas a sus amigos.

Tres meses después llegó el mítico e inolvidable momento de gloria en el que acudió a los estudios de grabación a plasmar su jingle ganador para el programa de navidad, que se emitiría cada hora en la noche del 25.

maRia from Soho vivió sus quince minutos Warholianos sintiéndose en la cresta de la ola sin tener ni pajolera idea de como nadar.
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