Thursday, September 30, 2004

...tan lejos de dios y tan cerca de Estados Unidos.

En el Soho nocturno de mi juventud, se podía encontrar todo tipo de persona. Aún así nunca había conocido a ningún chico que vendiera su cuerpo, lo cual no significa que no los hubiera.

Al poco tiempo de llegar al D.F. conocimos mis amigas y yo a un grupo de expertos, dispuestos a lo que fuera con féminas adineradas. Su objetivo era captar a incautas gringas sobradas de dinero y escasas de luces, y vivir "padrísimo" a su costa el tiempo que ellas permanecieran en la ciudad.

En cuanto aparecía un autocar de turistas americanas por la Zona Rosa, lo seguían hasta el hotel donde luego rondarían a las futuras víctimas. Contaban entre sus más eficaces armas con juventud, una muy buena presencia y un casi perfecto inglés.

Su presa preferida eran las "güeras" jovencitas que no entendían español, para engañarlas, haciéndoles pagar "menos de la mitad" por entrar en una discoteca cuando era Ladies' Night y las chicas no pagaban, o convenciéndolas de que las copas estaban a dos por una, cuando era barra libre; todo esto a cambio, como no, de ofrecerse como acompañantes y como lo que hiciera falta.

Lo intentaron con nosotras también, pero no contaban con que una servidora, además de "gallega" era GALLEGA, y que de entrada no se habría fiado ni de su D.N.I si lo hubiera tenido por aquel entonces. Yo observaba como revoloteaban. Observaba... escuchaba... y lo poco que hablaba lo hacía en inglés. En cuestión de media hora aprendí bastante vocabulario nuevo para mí, lo suficiente para soltarle al primero que me pidió pasta,

"no mames, pinche güey".

No sé quién se rió más, si él o yo.

Durante los siguientes cinco meses pasamos muchas noches con ellos por la Zona Rosa; salvo aquellas en las que llegaban buses de rubias acaudaladas, o aquellas otras en las que coincidíamos con el otro grupillo, el de mafiosos trajeados con los que no congeniaban...

Pero esa es otra historia...

Wednesday, September 29, 2004

salt and vinegar

Aquel día al salir del cole, como de costumbre, fui a comprar mis dos bolsas de patatas habituales mientras mi padre esperaba en la esquina de la calle.

Guardé las de sal y vinagre, las que más me gustaban, en el bolsillo de la chaqueta, y empecé a comer las de queso y cebolla.

Por el camino aparecieron Óscar y su padre. Le ofrecí patatas a Óscar, y mi padre me recordó amablemente que tenía otra bolsa en el bolsillo que le podría dar. Mis patatas preferidas. Aquellas que yo pretendía saborear luego en casa con el bocadillo.

No sabría decir si eso que ocurrió hace más de dos décadas me marcó o no, pero sí recuerdo perfectamente la sensación de haber sido torpe por no haber disfrutado primero de lo que realmente me apetecía.

Soy impaciente desde hace mucho tiempo. No recuerdo cuanto, ni si empezó ahí. No soporto esperar a mañana por algo que perfectamente puede ser hoy. Si está en mis manos no espero.

No te entiendo, persona cabal, templada, y sensata que, en vez de zambullirte en lo que te produce evidente y obvio placer, pasas de largo pensando que "es mejor" esperar.

¿Realmente es mejor esperar? ¿A qué? ¿A qué tienes miedo? ¿A disfrutar? ¿A vivir? Porque, perdona que te lo diga, pero APLAZAR lo que quieres hacer, REPRIMIENDO tu instinto, "por cautela", "por si sale algo mal" "por si bla bla bla...", NO ES VIVIR.

Prefiero VIVIR mil vidas cometiendo ERRORES, ¿me oyes?, con TODAS sus consecuencias, que malvivir una ESPERANDO un mañana por TEMOR a equivocarme.

Porque tal vez mañana YO no esté aquí, y OTRA PERSONA esté comiéndose mis patatas.

Tuesday, September 28, 2004

No Disponible

No soy lo que escribo.

Escribo porque en ese momento estoy lo suficientemente despierta como para capturar el instante y darle forma con palabras.

Es un reflejo efímero, un eco evanescente de quien soy, pero no soy yo.

Lo que escribo hoy no es más que eso: lo que escribo hoy.

Cada instante que vivo me modifica.

Cada palabra que escribo es historia.

Hoy podría escribir sobre el hastío, sin sentir que lo immortalizo.

Estaría convencida de que al plasmarlo me libero de ello.

Estaría segura de que al vestirlo de palabras le doy otra apariencia más objetiva, y lo vería con otra perspectiva.

Hoy podría escribir sobre el hastío.

Pero no estoy lo suficientemente despierta como para capturarlo.

Tuesday, September 21, 2004

Cuando tenía diez años me contó una amiga judía que su primo pequeño iba a empezar a estudiar el Torah el día siguiente a la tarde.

Me invitó a su casa a presenciar el acontecimiento.

No entendí a qué se refería.

Me explicó que en la primera lectura del libro sagrado, y tras pronunciar la primera palabra, un niño judío recibe un caramelo o un poco de miel, para que luego siempre asocie el aprendizaje a la dulzura.

No pude acudir a la iniciación de su primo a los escritos judaicos, pero siempre me quedó grabada esa imagen del dulce aprendizaje, y siempre la he entendido.

Estoy en un contínuo viaje del saber, como todo el mundo.

Y siempre ansío saber más.

Sobre todas las cosas y sobre todas las personas que me interesan.

Anoche pasamos páginas de nuestras respectivas historias, y nos adentramos en el saber del otro.

El intercambio fue agridulce.

Sin embargo el acercamiento fue pura miel.

Monday, September 20, 2004

Avignon in the 80s

Tenía yo dieciséis añitos y una virginidad que no corría ninguna prisa por perderse.

Tenía él diecinueve y un coche que corría bastante.

Él exponía su opinión con vehemencia: mi "sensualidad innata y a flor de piel" no era compatible con esa virginidad tan poco ansiosa. Y trataba de explicarme por qué eso le excitaba todavía más.

Yo intentaba explicarle que no me dejaba engullir por la presión coetánea de hacerlo ya, de cualquier manera, en cualquier sitio, y con cualquiera, más por contarlo luego que por realmente disfrutar de ello.

No me entendía.

Yo a él sí.

Tuesday, September 14, 2004

Tu silencio dice que me muerda la lengua para no violentar tu tranquilidad.

Quiero que sepas que respetaré tu aprensión.

Por mucho que me incomode tragar sangre.

Quiero que sepas que mi grito ahogado no perforará tu paz.

Por mucho que coagules en mi pecho asfixiando mi aliento y alimentando mi perpetua zozobra.

Tú tranquilo.

Sunday, September 12, 2004

No lo sentí cuando desperté.

Se había ido sin decir nada.

No entiendo por qué.

Ni sé cuando volverá.

No puedo seguir el dictado de mi espíritu, si está en paradero desconocido.

Tuesday, September 07, 2004

Quiero que algún día entendáis por qué mi amor por vosotras no es convencional.

Quiero que algún día entendáis que necesito mi espacio, mi libertad, y que no son los deberes maternales los que me abruman, sino quizá el propio concepto de la maternalidad en si; cuando es esa noción arcaica, pero todavía palpable, que intenta limitar a la mujer haciéndole creer que se realiza tan sólo a través de una abnegada entrega a sus hijos, sometiendo sus propios deseos a una cadena perpetua de encarcelación espiritual. Curiosamente, aún hoy, se espera de mí. Quiero que entendáis por qué no lo acepto.

Quiero que algún día entendáis que todavía me asombro al oíros decir "mamá" y al darme cuenta de que va dirigido a mí, cuando yo me siento tan niña todavía que parece quedarme grande mi función con respecto a vosotras. Quiero que entendáis que no tengo ni la menor idea de como ser una buena madre y que es muy probable que os siga fallando en más ocasiones.

Quiero que algún día entendáis que este desbordante sentimiento que me produce el veros, oíros, tocaros y abrazaros, no lo sustituirá nada, ni nadie.Quiero que entendáis que lo único que podéis tener seguro conmigo es la fuerza de mi cariño, el ansia de enseñaros todo lo poco que sé, y el deseo de ayudaros a ser buena gente.

Quiero que algún día entendáis que siempre seré vuestra aunque siga siendo yo..

Monday, September 06, 2004

Un delicado gorjeo acarició mis oídos.

Los primeros rayos besaron mis párpados.

Estiré las piernas, luego los brazos...

Me coloqué sobre el costado derecho, apoyando la cabeza en mi mano derecha, para poder recorrer mi pelo con las yemas de los dedos de la otra... para poder sacudirlo y liberarlo.

Y entonces abrí los ojos y miré mis dedos.

Estiré mi brazo moreno para observar los lunares esparcidos desde mi muñeca hasta mi hombro desnudo.

Luego me volví a tumbar sobre la espalda.

Al alzar las manos como queriendo alcanzar el techo, entró un escalofrío intruso por la ventana, que me erizó el vello de los brazos, y los froté.

Sentí mi piel suave y tersa, como si fuera la primera vez que la tocaba.

Había despertado.

(Me lo he pasado teta con vuestros comentarios. Thanks, people!)

Friday, September 03, 2004

Resulta que cuando era una joven y tímida adolescente que sólo soltaba la melena entre amigos de confianza, perdía muchas oportunidades de conocer a gente que me interesaba y a la que tal vez yo le hubiera interesado si me hubiera dejado ver.

Ahora que llevo la melena suelta,de manera más o menos permanente, salvo algún que otro día que se me da por las trenzas o las coletas, me sigue ocurriendo lo mismo, porque me ven demasiado bien.

Supongo que será cuestión de cambiar de look y raparme al cero.

Al menos asustaría con más razón.

Thursday, September 02, 2004

Una semilla inconsciente apareció en mi camino.

La cogí en mi mano para observarla mejor.

No supe identificarla.

Le busqué un sitio donde pudiera darle mi luz.

Brotó casi de inmediato, convirtiéndose en hermosa amistad.

Me gusta contemplarla y tocar sus delicados filamentos.

Aunque sea con mi imaginación.

Aunque sea a distancia.

Porque la naturaleza no entiende de distancias.

Y porque refleja mi luz y me devuelve calor.
Weblog Commenting and Trackback by HaloScan.com