...tan lejos de dios y tan cerca de Estados Unidos.
En el Soho nocturno de mi juventud, se podía encontrar todo tipo de persona. Aún así nunca había conocido a ningún chico que vendiera su cuerpo, lo cual no significa que no los hubiera.
Al poco tiempo de llegar al D.F. conocimos mis amigas y yo a un grupo de expertos, dispuestos a lo que fuera con féminas adineradas. Su objetivo era captar a incautas gringas sobradas de dinero y escasas de luces, y vivir "padrísimo" a su costa el tiempo que ellas permanecieran en la ciudad.
En cuanto aparecía un autocar de turistas americanas por la Zona Rosa, lo seguían hasta el hotel donde luego rondarían a las futuras víctimas. Contaban entre sus más eficaces armas con juventud, una muy buena presencia y un casi perfecto inglés.
Su presa preferida eran las "güeras" jovencitas que no entendían español, para engañarlas, haciéndoles pagar "menos de la mitad" por entrar en una discoteca cuando era Ladies' Night y las chicas no pagaban, o convenciéndolas de que las copas estaban a dos por una, cuando era barra libre; todo esto a cambio, como no, de ofrecerse como acompañantes y como lo que hiciera falta.
Lo intentaron con nosotras también, pero no contaban con que una servidora, además de "gallega" era GALLEGA, y que de entrada no se habría fiado ni de su D.N.I si lo hubiera tenido por aquel entonces. Yo observaba como revoloteaban. Observaba... escuchaba... y lo poco que hablaba lo hacía en inglés. En cuestión de media hora aprendí bastante vocabulario nuevo para mí, lo suficiente para soltarle al primero que me pidió pasta,
"no mames, pinche güey".
No sé quién se rió más, si él o yo.
Durante los siguientes cinco meses pasamos muchas noches con ellos por la Zona Rosa; salvo aquellas en las que llegaban buses de rubias acaudaladas, o aquellas otras en las que coincidíamos con el otro grupillo, el de mafiosos trajeados con los que no congeniaban...
Pero esa es otra historia...
Al poco tiempo de llegar al D.F. conocimos mis amigas y yo a un grupo de expertos, dispuestos a lo que fuera con féminas adineradas. Su objetivo era captar a incautas gringas sobradas de dinero y escasas de luces, y vivir "padrísimo" a su costa el tiempo que ellas permanecieran en la ciudad.
En cuanto aparecía un autocar de turistas americanas por la Zona Rosa, lo seguían hasta el hotel donde luego rondarían a las futuras víctimas. Contaban entre sus más eficaces armas con juventud, una muy buena presencia y un casi perfecto inglés.
Su presa preferida eran las "güeras" jovencitas que no entendían español, para engañarlas, haciéndoles pagar "menos de la mitad" por entrar en una discoteca cuando era Ladies' Night y las chicas no pagaban, o convenciéndolas de que las copas estaban a dos por una, cuando era barra libre; todo esto a cambio, como no, de ofrecerse como acompañantes y como lo que hiciera falta.
Lo intentaron con nosotras también, pero no contaban con que una servidora, además de "gallega" era GALLEGA, y que de entrada no se habría fiado ni de su D.N.I si lo hubiera tenido por aquel entonces. Yo observaba como revoloteaban. Observaba... escuchaba... y lo poco que hablaba lo hacía en inglés. En cuestión de media hora aprendí bastante vocabulario nuevo para mí, lo suficiente para soltarle al primero que me pidió pasta,
"no mames, pinche güey".
No sé quién se rió más, si él o yo.
Durante los siguientes cinco meses pasamos muchas noches con ellos por la Zona Rosa; salvo aquellas en las que llegaban buses de rubias acaudaladas, o aquellas otras en las que coincidíamos con el otro grupillo, el de mafiosos trajeados con los que no congeniaban...
Pero esa es otra historia...
