Monday, August 30, 2004

Una fantasía hecha realidad te ha convertido en semiconocido.

Me ha colocado en tu largo camino sin rumbo, como un área de servicio.

Me ha reflejado en tus pupilas que bebían las mías bajo tu ceño fruncido.

Me ha alimentado con el aliento de tu boca, y con la humedad de tus labios sobre los míos.

Me ha repostado con el sonido de tu voz colándose por mis poros.

Una insólita fantasía hecha realidad, que nunca será realidad.

Friday, August 27, 2004

Es cierto que no soy tímida, ni me avergüenzo con facilidad, ni tengo un gran sentido del ridículo.

No me importa hablar de cualquier tema con cualquiera, sea conocido o desconocido.

Esto da una impresión de seguridad, de autoestima aparentemente elevada, de audacia, de intrepidez...

Son unos cuantos los que me creen autosuficiente, debido a que no me asusta estar sola, ni espero a nadie para hacer algo, ni pido consejos habitualmente.

Algo de razón supongo que tienen.

Al fin y al cabo, con absoluta certeza solamente nos tenemos a nosotros mismos.

Sin embargo, existe esa maRia vulnerable que necesita ser arropada, y que tiembla ante una incógnita que le haga palpitar...

Ocurre que soy yo quien se ocupa de protegerla, ya que pocos saben de su existencia.

Y si fallo yo, la hemos chingao.

Thursday, August 26, 2004

Estoy de vuelta.

Al menos eso creo.

Lo confirmaré cuando lo tenga más claro.

Thursday, August 19, 2004

Me voy a Madrid unos días.

Fer, Marita, Pico,(Karras?), nos vemos...

Y esta vez, literalmente.

Al resto os "veré" la semana que viene.

Con mejor perspectiva,espero.

Que sean ustedes buenos.

Y si no podéis ser buenos, al menos tomad precauciones.

Biquiños.

Wednesday, August 18, 2004

Alguna vez he creído que iba a morir.

Un día lluvioso se me fue el coche, invadí el carril contrario y venía un camión de frente. En ese momento me acordé de ellas. El camionero reaccionó rápidamente y bien, frenando a tiempo y todo quedó en un susto.

Desde que ellas existen, instintivamente me protejo. Mi intrepidez quedó en la sala de partos.

Cuando me veo en una situación potencialmente arriesgada, me viene a la mente que no puede pasarme nada porque sería injusto para ellas. Ser madre ha acentuado mi percepción de la muerte. Y si no me equivoco, descubrí que tenía vértigo durante mi primer embarazo.

Ser madre me impulsa a existir en momentos en los que me dejaría desvanecer.

Ahora me falta acentuar mi percepción de la vida.

Por mi.

Monday, August 16, 2004

Me, myself and I

Me desdoblo tanto que me cuesta reconocerme en todos los modos.

Cada vez me sorprendo más y me conozco menos. (¿A mi edad?)

A ver, tengo sentido común, lógica, razón y cordura.

Acepto y asumo mis fallos como parte del interminable aprendizaje constante y necesario al que todos estamos sometidos.

No me cuesta pedir perdón porque ya no tengo orgullo.

Escucho y aprendo de quien me convence con sus argumentos, siempre abierta a flexibilizar mis ideas.

Soy tolerante, comprensiva y justa.

Hasta ahí todo bien.

Admirable incluso.

(Considero la modestia una hipócrita faja espiritual. Paso de ella.)

Luego soy impaciente.Odio perder el tiempo y me frustra esperar.

No sé relajarme.

De un átomo hago cordilleras.

Pierdo los estribos con demasiada frecuencia y facilidad.

Lloro por casi todo.

No sé contar hasta cinco, ni mucho menos hasta diez.

Soy demasiado impulsiva.

Soy sarcástica y muero por la boca.

Y encima mis sentimientos son unos díscolos e irreverentes hijos de puta.

Últimamente no me soporto.

Monday, August 09, 2004

No soy original.

Ni yo, ni mi vida, ni mi nombre.

Si escribiera mi autobiografía, la leerían unos cuantos por cariño más que por interés.

Tampoco puedo presumir de alma única. No soy la única que siente estar desubicada, desplazada de lugares y tiempos, vagando como eterno ser anacrónico.

Mi paso por este mundo sólo dejará cuatro huellas humanas.

No necesito ser reconocida por masas.

No me ayuda ser entendida por particulares. O tal vez sí a corto plazo.

Mi cruz la llevo desde que empecé a cuestionar todo, allá por la época en que hablaba el mismo idioma que la mayoría de mis coetáneos adolescentes sin entenderles del todo.

Porque a partir de ahí, y en un intento razonable de autopreservarme, empecé a caminar de puntillas, mirando de reojo, mirando atrás, mirando alrededor, ahorrando suelas para caminar de verdad "un día".

Pero el tiempo pasa, y los "un días" se agarran a él.

Y escapan al igual que ese esquivo "algo" que no logro identificar pero cuya ausencia siento de manera palpable en todo mi ser.

Y ahora que estreno zapatos no quiero volver a caminar de puntillas por el camino de la inercia en el que me perdí cuando buscaba mi yo.

Quiero taconear.

Y al que le moleste el ruido que se aguante.

Y que me deje pasar.

Friday, August 06, 2004

posesión

Añoramos ser libres.

Obviemos lo tangible.

Hablo del intenso placer de sumergirse en la lectura y en la escritura.

De leer y escribir entre líneas verdes y azules sobre las pasiones humanas.

El que lee ávidamente es poseído por los misterios literarios que le embarcan en viajes emocionales de descubrimiento.

El que escribe es poseído por su materia, en ese momento físico en que su mano agarra la pluma y vierte sobre un folio virgen su sangre metafórica.

En ese momento real en que las yemas de sus dedos palpan un teclado haciendo eco de latidos en el pecho.

Leer y escribir.

Un juego extraño de correspondencia obsesionante entre pasiones e ideas.

Un escritor es un buen amante.

Ama lo que ha leído.

Y lo que ha leído le ha hecho escritor.

Zig Zag.

Thursday, August 05, 2004

Irónicamente, cuando la tensión sexual aún no había desaparecido, me dijo que quería volver a ligar conmigo.

Me dio la risa.

Y le dije que esta vez le costaría muchísimo más caro. El escenario lo decidiría yo.

Al más puro estilo hollywoodiense, quedamos en un pub fino del centro, donde había música lo suficientemente alta para que nadie nos oyera, y luces lo suficientemente ténues para que nadie nos viera.. Él me esperaría sentado en la barra.

Por un momento, pensé en alquilarme una peluca rubia para el evento, por eso de que daría más morbo, pero en seguida lo descarté al darme cuenta de que no pasaría desapercibida.

Necesitaba creerme femme fatale por una noche, y recurrí a los tópicos: zapatos de tacón, medias finas con liguero, falda negra corta, top ajustado negro,bolso negro y gafas de sol.

Evidentemente dejé las gafas de sol en casa por razones puramente pragmáticas.

En la entrada del local encendí un cigarillo, y caminando con toda la firmeza y seguridad que me permitían los tacones, me dirigí a la barra sin haberle visto siquiera.

Y no estaba.

Me empezaron a sudar las manos por si se me acercaba algún otro. Pedí un ron, y entonces me di cuenta de que con falda corta era muy complicado sentarse en un taburete con dignidad.

Miré alrededor para asegurarme de que nadie me estuviera mirando, y entonces me di cuenta de que había otra barra, y de que él estaba allí.

Cogí mi copa, aliviada, y con paso firme me dirigí hacia él.

Me coloqué en una esquina de la barra desde la cual nos pudiéramos ver, y donde me era más cómodo subir la falda lo justo para poder maniobrar la sentada sin regalarle a nadie una panorámica de mis posaderas..

Y apagué el cigarillo en el cenicero para poder sacar otro del bolso y pedirle fuego al camarero que se encontraba al otro extremo de la barra..

En ese instante me vio, y le sonreí. Me sonrió. Hizo ademán de levantarse, pero con un leve movimiento de la mano le dejé claro que no debía moverse.

Me acerqué con la copa, y me situé a su lado, ignorando el taburete.

Nos miramos fijamente a los ojos, e introduje un dedo en mi copa para luego rozarle los labios con él.

Abrió lentamente la boca para introducir mi dedo por completo, sin apartar la mirada de mis ojos.

En ese momento oímos como alguien gritaba mi nombre.

Nos dimos la vuelta y horrorizados vimos a toda la peña entrando por la puerta...

"Joder, maRia, te vas a caer de la falda, ¿no?"

Wednesday, August 04, 2004

Cuando escribía relatos en primaria, decían que tenía mucha imaginación, que dominaba la lengua, y que estaba adelantada para mi edad.

Con nueve años hacía exámenes de niños de trece.

En secundaria tuve la desgracia de caer en manos de una profesora de inglés que no sentía mucho amor por los hijos de emigrantes con facilidad de palabra. No era normal que la hija de un hostelero español escribiese así en inglés. Se lo oí decir.

Esa poderosa mujer intentó arrebatarme una de las pocas seguridades que a esa edad tenía.

Y lo consiguió durante un tiempo en el que, con los esquemas rotos, me sentí perdida.

Hasta que un buen día me dijo que yo no valía para estudiar una carrera,que debería trabajar en una tienda, y no perder el tiempo aspirando a nada creativo.

De hecho yo ya llevaba desde los dieciséis años trabajando en tiendas los fines de semana para costear mis poco creativos y muy mundanos vicios.

Me di cuenta ese día de que esa mezquina mujer pretendía hundirme.

Pero la revelación más importante fue que supe que mentía.

Y al saberlo yo, ella perdía su poder.

Y por orgullo se lo demostré, sacando entre las mejores notas de mi curso, gracias a que en Inglaterra corrige los exámenes un tribunal externo.

Y cuando subí a recoger mi diploma entre aplausos, y griteríos diversos de quienes confiaron en mí cuando yo no supe hacerlo, me acerqué a ella, sonriendo, consciente de que no me dirigía a ninguna fuerza superior.

Y le di la mano.

Y le agradecí sinceramente todo lo que había dicho de mí durante siete años.

Tuesday, August 03, 2004

Cuando el novio de mi prima murió de sobredosis, el pueblo se quedó mudo.

Sólo se oía el llanto de su madre. A mi prima ya no le quedaban lágrimas.

Aquel silencio antinatural me hizo daño, y me fui con el coche al cementerio, bajo pretexto de que luego no habría por donde pasar cuando cortasen la carretera para la procesión fúnebre.

Fascinada por la muerte, pasé media hora caminando entre panteones y lápidas, sintiendo a la vez escalofríos y atracción por jóvenes muertos en décadas anteriores, imaginando vidas tras esas fechas, caras que sonrieron, y cuerpos que amaron...

Y me senté en un banco a respirar ese pacífico silencio que me pareció tan peligrosamente natural.

Monday, August 02, 2004

la alianza

Fuimos a encargar las alianzas a medida al joyero amigo de mi prima.

La suya era muy corriente. De oro, y para la mano derecha porque el dedo anular de su mano izquierda estaba torcido. Pragmática y sencilla.

La mía era una alianza rusa, con tres alianzas finas en oro blanco, amarillo y rojo. Fantasiosa y complicada.

El joyero decía que no le compensaba hacer una alianza fina de oro rojo, que no era una alianza "normal" y que "se deberían llevar en la misma mano".

El día de la boda, mi alianza se resistía a vestir mi dedo. Supongo que fue por el calor.

Tras la boda, permaneció más o menos cómoda en mi mano izquierda, exceptuando días de intenso calor en los que me asfixiaba en cualquiera de las manos.

Hacia el final de mi primer embarazo, con los dedos hinchados, hubo que romperla con un alicates porque apenas dejaba circular la sangre.

Y se arregló. Pero quedó una fina raya donde el joyero la había soldado. Una fina raya que sólo yo percibía.

Poco después de mi segundo embarazo rompió sola, por esa misma raya.

Y la guardé en el cajón.

Y ahí sigue.

En mi primer embarazo, me regalé una alianza blanca, para celebrar mi inminente maternidad. Me quedaba grande y temía perderla en el mar.

Pero nunca me ha caído. Y nunca me ha apretado.

No noto siquiera que la llevo.

Y ahí sigue.
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