Irónicamente, cuando la tensión sexual aún no había desaparecido, me dijo que quería volver a ligar conmigo.
Me dio la risa.
Y le dije que esta vez le costaría muchísimo más caro. El escenario lo decidiría yo.
Al más puro estilo hollywoodiense, quedamos en un pub fino del centro, donde había música lo suficientemente alta para que nadie nos oyera, y luces lo suficientemente ténues para que nadie nos viera.. Él me esperaría sentado en la barra.
Por un momento, pensé en alquilarme una peluca rubia para el evento, por eso de que daría más morbo, pero en seguida lo descarté al darme cuenta de que no pasaría desapercibida.
Necesitaba creerme femme fatale por una noche, y recurrí a los tópicos: zapatos de tacón, medias finas con liguero, falda negra corta, top ajustado negro,bolso negro y gafas de sol.
Evidentemente dejé las gafas de sol en casa por razones puramente pragmáticas.
En la entrada del local encendí un cigarillo, y caminando con toda la firmeza y seguridad que me permitían los tacones, me dirigí a la barra sin haberle visto siquiera.
Y no estaba.
Me empezaron a sudar las manos por si se me acercaba algún otro. Pedí un ron, y entonces me di cuenta de que con falda corta era muy complicado sentarse en un taburete con dignidad.
Miré alrededor para asegurarme de que nadie me estuviera mirando, y entonces me di cuenta de que había otra barra, y de que él estaba allí.
Cogí mi copa, aliviada, y con paso firme me dirigí hacia él.
Me coloqué en una esquina de la barra desde la cual nos pudiéramos ver, y donde me era más cómodo subir la falda lo justo para poder maniobrar la sentada sin regalarle a nadie una panorámica de mis posaderas..
Y apagué el cigarillo en el cenicero para poder sacar otro del bolso y pedirle fuego al camarero que se encontraba al otro extremo de la barra..
En ese instante me vio, y le sonreí. Me sonrió. Hizo ademán de levantarse, pero con un leve movimiento de la mano le dejé claro que no debía moverse.
Me acerqué con la copa, y me situé a su lado, ignorando el taburete.
Nos miramos fijamente a los ojos, e introduje un dedo en mi copa para luego rozarle los labios con él.
Abrió lentamente la boca para introducir mi dedo por completo, sin apartar la mirada de mis ojos.
En ese momento oímos como alguien gritaba mi nombre.
Nos dimos la vuelta y horrorizados vimos a toda la peña entrando por la puerta...
"Joder, maRia, te vas a caer de la falda, ¿no?"