self awareness
Viví los primeros 24 años de mi vida en Soho.
Los años 70 en ese barrio fueron notorios.
En la calle de mi colegio de primaria, había nueve cines porno.
Recuerdo salir con mi "boy-friend" chino del colegio un viernes por la tarde, camino a la tienda de golosinas, donde sólo nos dejaban entrar de cuatro en cuatro. Y contamos los cines. Ni nos fijamos en los carteles, ni en las imágenes sórdidas, porque ya las teníamos muy vistas. Cuando venían amigos de otros barrios, se quedaban boquiabiertos delante de voluminosos pechos, y penes erectos,mientras nosotros les apurábamos para llegar al parque.
En mi calle había un burdel.
Las putas, madres de familia algunas, nos reñían por quedarnos hasta tarde jugando en la calle un viernes, día de mucho trabajo.Nosotros sabíamos que hacían servicios de los rapiditos en la cabina telefónica roja,y nos encantaba merodear por allí para incordiar. Y conocíamos la casa por dentro. La madame era muy maternal y nos daba chuches. Era nuestra fruta prohibida,que comíamos a escondidas por miedo a "quedarnos sin calle". Y sabíamos también que las putas "no molestaban" a los señores residentes, más que para desearles las buenas noches.
Fui a un colegio secundario de monjas, donde aprendí a sentir vergüenza, y pudor; donde decir "fuck" me costaba caro;donde me intentaron amoldar al patrón estandarizado de "niña decente".
Y supongo que en las formas lo fui.
Pero en esencia siempre he sido esa niña de Soho.
Y por eso no entiendo por qué una mujer de taitantos años, como muchas que conozco, supuestamente muy liberales y tal, no es capaz de hablar de masturbación sin pareja sin ponerse nerviosa.
Y dios me libre de preguntarle si lo hace, vamos.
Los años 70 en ese barrio fueron notorios.
En la calle de mi colegio de primaria, había nueve cines porno.
Recuerdo salir con mi "boy-friend" chino del colegio un viernes por la tarde, camino a la tienda de golosinas, donde sólo nos dejaban entrar de cuatro en cuatro. Y contamos los cines. Ni nos fijamos en los carteles, ni en las imágenes sórdidas, porque ya las teníamos muy vistas. Cuando venían amigos de otros barrios, se quedaban boquiabiertos delante de voluminosos pechos, y penes erectos,mientras nosotros les apurábamos para llegar al parque.
En mi calle había un burdel.
Las putas, madres de familia algunas, nos reñían por quedarnos hasta tarde jugando en la calle un viernes, día de mucho trabajo.Nosotros sabíamos que hacían servicios de los rapiditos en la cabina telefónica roja,y nos encantaba merodear por allí para incordiar. Y conocíamos la casa por dentro. La madame era muy maternal y nos daba chuches. Era nuestra fruta prohibida,que comíamos a escondidas por miedo a "quedarnos sin calle". Y sabíamos también que las putas "no molestaban" a los señores residentes, más que para desearles las buenas noches.
Fui a un colegio secundario de monjas, donde aprendí a sentir vergüenza, y pudor; donde decir "fuck" me costaba caro;donde me intentaron amoldar al patrón estandarizado de "niña decente".
Y supongo que en las formas lo fui.
Pero en esencia siempre he sido esa niña de Soho.
Y por eso no entiendo por qué una mujer de taitantos años, como muchas que conozco, supuestamente muy liberales y tal, no es capaz de hablar de masturbación sin pareja sin ponerse nerviosa.
Y dios me libre de preguntarle si lo hace, vamos.
