Un alumno me preguntó esta mañana en qué idioma hablo con mis compañeros de trabajo. Somos todos angloparlantes nativos: seis londinenses de padres gallegos, una escocesa, dos "ingleses ingleses",(como decimos nosotros), un irlandés, dos americanas hijas de gallegos, y un canadiense. Mi alumno se extrañó, no sé por qué, de que hablemos entre nosotros en inglés. A mí me parece lo más natural teniendo en cuenta que todos nos criamos en países donde se hablaba la lengua de Shakespeare, y nos formamos en ella.
En Inglaterra, existía, y existe todavía, una gran comunidad de españoles, mayoritariamente de ascendencia gallega o andaluza. Existen centros gallegos, andaluces, casas de España, colegios españoles, colegios bilingües, etc. Durante el día, los hijos de emigrantes españoles acudíamos a colegios ingleses y nos relacionábamos en inglés, con gente de todas las razas y nacionalidades.. En Primaria, a pesar de ser un colegio supuestamente anglicano, por su ubicación en Soho, en los años setenta el alumnado era prácticamente en su totalidad de ascendencia extranjera. Ni la directora era anglicana. En secundaria, al ser un colegio católico que sólo admitía alumnas católicas, había principalmente españolas, italianas e irlandesas,(la mayoría). Nuestra lengua franca en todos los colegios siempre fue el inglés. Incluso en el colegio español al que íbamos por las tardes.
En Londres había unos cuantos centros españoles que impartían clases de lengua y cultura española, bajo el sistema de EGB y BUP como en España, convalidando estudios y dándonos la oportunidad de poseer esos títulos. Las clases eran por las tardes, normalmente de dos horas de duración, tres días a la semana.
Sólo hablábamos en español en clase y con los profesores. De hecho, para nosotros, el español era el idioma de nuestros padres, y por lo tanto lo asociábamos a "los mayores" y nos limitábamos a utilizarlo con ellos.
De ahí que la mayoría de los hijos de emigrantes no dominasen muy bien la lengua de Cervantes, y especialmente los hijos de gallegos, acostumbrados a oír en sus casas una mezcla de gallego y castellano, que en Galicia llamamos "castrapo", es decir una mala mezcla de ambos que no permitía a los hijos hablar el castellano sin meter la pata hasta el fondo con galleguismos.
Mi padre, un señor que domina a la perfección el castrapo, se preocupó siempre mucho por mis estudios, y cuando yo tenía unos 7 años, habló con su amigo Francsico, mi mentor, para que me buscara "una profesora de español que supiera de cuentas"(me quiso inculcar su obsesión por las matemáticas, y le salí de letras).. Así es que un par de tardes a la semana, mis vecinos Teo y Emilia, venían a mi casa y nos daba clase Merche, una chica "española española" que estaba de au pair en Londres, y que le tenía fobia a mi gato Moncho que le bufaba cuando llegaba.
Detrás de Merche vinieron otras. La última, Victoria, me apuntó en el colegio español con 9 años en 4º de EGB. Superé los exámenes de 4º y 5º a la vez y el siguiente curso empecé en 6º, lo cual fue una auténtica perrada para mí porque mis amigos quedaron atrás.
Gracias a estas profesoras y a Francisco, siempre destaqué en español. Nunca se me notó un acento inglés al hablar, nunca tuve problemas de ortografía ni de tildes. De hecho, aún hoy, hay gente que se asombra de que hable español sin ningún rastro del inglés. No es mérito mío, claro, sino de los buenos profesores que he tenido.
El problema de ser bilingüe, el único, todo sea dicho, es que cuando hablas con gente que domina los dos idiomas tiendes a mezclar, a recurrir a la palabra que te resulte más cómoda. No me refiero a hablar "Spanglish" sino a mezclar palabras en una misma frase, por pereza, porque un idioma te parece que expresa mejor cierta cosa.El resultado de esto puede ser el deterioro de ambas lenguas.
Mi remedio o solución siempre ha sido leer mucho, mucho,mucho en los dos idiomas.Y ahora, desde que empecé a ser una blogger, también escribo en español, de una manera que anteriormente no hacía.
De todos modos todavía pienso mayoritariamente en inglés, todavía me siento más amgloparlante, y todavía me falla el español de vez en cuando y necesito explicar lo que quiero decir por falta de vocabulario.
Y reconozco que me encanta hablar con gente que domina ambas lenguas, porque siento que me pueden entender mejor.